martes, 12 de abril de 2011

Primeras las repercusiones del libro

Además de los muy favorables comentarios radiales por Carlos Ulanovsky y Fernando Bravo, como también las estimulantes palabras que tuvo Mario Gallina durante un encuentro personal y el sentido e-mail de María de los Ángeles Sanz -mi profesora de Historia del Teatro Argentino en "Andamio 90"-, con gran sorpresa acabo de descubrir una mención sobre este libro mío en el diario "Tiempo Argentino", nada menos que por Jorge Dubatti, reconocido teórico e historiador de teatro. Aquí dejo el texto, remarco lo comentado sobre los dos libros acerca de Narciso:
Aluvión de publicaciones sobre la actividad escénica

Por suerte, en la Argentina, el teatro ya tiene quien le escriba

Publicado el 10 de Abril de 2011

Por Jorge Dubatti

Como registro del presente o como indagación del pasado, el libro es un aliado del teatro, guarda su memoria y favorece la multiplicación de puestas en escena. Una visita guiada por los emprendimientos más significativos impulsados por el Estado o por editoriales privadas.



En los últimos años, la abundancia de publicaciones argentinas vinculadas con el teatro es otra señal de la riqueza de la actividad escénica local y de la existencia de un público fervoroso, interesado no sólo por ver teatro, sino también por leerlo. Incontables ensayos, revistas y ediciones de textos demuestran que hoy, en la Argentina, el teatro tiene quien le escriba.

Un rápido paseo, no exhaustivo, sobre algunos libros aparecidos en los últimos meses, resulta revelador. Empecemos por la acción estatal: es loable la tarea que cumple el Instituto Nacional del Teatro, cuyas ediciones son de distribución gratuita. De sus muchas publicaciones hay que rescatar especialmente los tres “tomazos” (unas 2500 páginas en total) de la Antología de teatro latinoamericano, coordinada por Lola Proaño-Gómez y Gustavo Geirola, que reúne obras y estudios del teatro de todos los países del continente, facilitando la circulación de grandes autores (el cubano Abelardo Estorino, el chileno Ramón Griffero, el ecuatoriano Peky Andino, la peruana Sara Joffré y la venezolana Xiomara Moreno, entre otros muchos) cuyos textos no llegan a nuestro país. También del INT es la Antología de obras de teatro argentino desde sus orígenes a la actualidad, hasta ahora seis tomos armados por Beatriz Seibel, en los que se realiza una historia del teatro nacional a través de sus textos clásicos, de los primeros sainetes urbanos y gauchescos del siglo XIX (El amor de la estanciera, El valiente fanfarrón y criollo socarrón, etcétera) hasta Florencio Sánchez y Gregorio de Laferrère a comienzos del siglo XX.

También estatal y muy valiosa es la producción editorial del Fondo Nacional de las Artes, en la que cabe destacar el libro-objeto Saulo Benavente. Obra escenográfica, investigación, textos y recopilación de material gráfico de Cora Roca. El tomo reproduce bocetos y fotografías de muchas de las escenografías realizadas por Benavente para el teatro, la ópera y el cine. Un lujo de calidad gráfica y de estudio.

Entre las iniciativas institucionales privadas sobresale la publicación de Caaporá. Un ballet indígena en la Modernidad, al cuidado de María Elena Babino. Se trata del proyecto de ballet que el escritor Ricardo Güiraldes (el autor de Don Segundo Sombra) y su amigo Alfredo González Garaño (coleccionista y pintor amateur) elaboraron a partir de la recreación de las leyendas del “urutaú” y del “diablo indígena”. El proyecto consta de un guión manuscrito y tres versiones mecanografiadas por Güiraldes y de un conjunto de pinturas de González Garaño, con la intervención de Güiraldes (quien también pintaba y dibujaba) en algunos casos. El guión y las pinturas habrían interesado al célebre bailarín Nijinsky (que visita Buenos Aires con Les Ballets Russes en 1917), quien a su vez habría entusiasmado a Igor Stravinsky para la composición de la música. La enfermedad mental del bailarín finalmente se interpuso en la concreción del proyecto, que quedó inconcluso hasta nuestros días. El libro es una joya: reproduce el manuscrito del guión y las pinturas del ballet con alta fidelidad.

Entre las antologías de piezas teatrales cabe destacar Sainetes, cabaret, minas y tango, compilación de Sirena Pellarolo (Corregidor), que contiene las obras (tan olvidadas como geniales) El cabaret, de Carlos Mauricio Pacheco, Los dientes del perro, de José González Castillo y Alberto Weisbach, El cabaret de Montmartre, de Alberto Novión, Armenonville, de Enrique García Velloso y La borrachera del tango, de Elías Alippi y Carlos Schaeffer Gallo. Hay otra antología, dedicada temáticamente a las relaciones entre el teatro y el agua: se trata de El agua y la creación dramática, publicada en Formosa, producto de un Seminario Nacional e Internacional de Dramaturgia, que reúne textos de autores de distintas provincias argentinas (María Cristina Castro, de San Juan; Guillermo Meresman, de Entre Ríos; Soledad González, de Córdoba, y muchísimos más) y de otros países: Uruguay, Brasil y Paraguay.

En el otro extremo del país, Tierra del Fuego, la Editora Cultural de dicha provincia dio a conocer Historias liminares, dramaturgia de Eduardo Bonafede, que incluye seis obras de este valioso autor: Haruwen Ma-Hai (Tierra de espíritus), Un sueño diferente, Las Goletas. Un sainete fueguino, Sabandijas y sanguijuelas, El velorio de la azafata y 778 –Pabellón Sur.

Dos volúmenes se hacen cargo de la vida y la obra del gran actor español Narciso Ibáñez Menta. Por un lado, Leandro D’Ambrosio y Gillespi (el músico) plantean un recorrido por la totalidad de la biografía del protagonista de El hombre que volvió de la muerte en El artesano del miedo (Corregidor). Por otro, con erudición apabullante, Graciela Beatriz Restelli dedica casi 600 páginas (y mucho material iconográfico) sólo a la infancia del gran actor en Narciso Ibáñez Menta: esencialmente un hombre de teatro (Tomo I: de “Niño Ibáñez” a “Pibe Narcisín”) (Dunken).

Otra joyita es Hamlet & Hamlet, de Liliana Heer, ilustrado por Rep (Paradiso). Inspirado en la obra de Heer (en la que Hamlet, más de 400 años después, regresa de la muerte y enuncia nueve monólogos). Rep propone un dibujo en colores (tapa) y diez ilustraciones en blanco y negro donde Hamlet siempre aparece con la boca torcida (en la nuca o al costado de la cara) y donde los Vladimiro y Estragón de Esperando a Godot se transforman en Rosencrantz y Guildenstern de “Esperando a Hamlet”.

Otra antología valiosa es Dramaturgas argentinas de los años 30, compilación de María Claudia André (Nueva Generación), que convoca obras de Alfonsina Storni, Salvadora Medina Onrubia y de las menos conocidas (y tan interesantes) Lola Pita de Martínez, Alcira Olivé y Alcira Chaves de Vila Bravo. En una línea diferente, el sello independiente TBK (que dirige el actor Héctor Segura) publica en Ciclo Incierto (dos tomos) obras experimentales de jóvenes dramaturgos argentinos.

Hay muchos otros libros... Pero para cerrar este rápido paseo, elegimos un volumen universitario de gran formato: La música dramática en el Seminario de San Antonio Abad de Cusco. Estudio crítico, análisis y transcripción de comedias, jocosos, romances, cantadas, juguetes, mojigangas y tonos humanos de los siglos XVII y XVIII, dirigido por Diana Fernández Calvo (EDUCA). Se trata de la nueva publicación del Equipo del Instituto de Investigación Musicológica “Carlos Vega” (Facultad de Artes y Ciencias Musicales, Universidad Católica Argentina), en la que se rescatan, estudian y transcriben expresiones fundamentales del teatro musical y la música dramática en Hispanoamérica en el período colonial. En suma, un panorama editorial vivo, rico y estimulante por donde se lo mire. ¿Quién dijo que el teatro no se deja leer? <

1 comentario:

  1. Gracias por este artículo tan interesante. Tengo que leerme el resto del blog sin falta. Pásate por esta web y échale un vistazo a estos Libros

    Un abrazo

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